miércoles, 28 de enero de 2009

Sevdah de Montenegro

"Sejdefu Majka Buđaše "

Interpretada por Ksenija Cicvarić





LETRA (cirílico y latino)



Сејдефу мајка буђаше,
Sejdefu majka buđaše,
Сејдефу мајка буђаше,
Sejdefu majka buđaše,
устани кћери моја,
ustani kćeri moja, Sejdefo,
устани кћери моја,
ustani kćeri moja, Sejdefo.
-
Зар мислиш мајко,
Zar misliš majko,
те ја спим?
te ja spim?
зар мислиш мајко,
zar misliš majko,
те ја спим?
te ja spim?
ја ти се млада с душом дијелим,
ja ti se mlada s dušom dijelim,
ја ти се млада с душом дијелим,
ja ti se mlada s dušom dijelim.
-
Зови ми мајко комшије,
Zovi mi majko komšije,
зови ми мајко комшије,
zovi mi majko komšije,
и прво моје гледање,
i prvo moje gledanje,
и прво моје гледање,
i prvo moje gledanje.
-
Што смо се мајко гледали,
Što smo se majko gledali,
што смо се мајко гледали,
što smo se majko gledali,
у шајку лађу на море,
u šajku lađu na more,
у шајку лађу на море,
u šajku lađu na more.


EL SEVDAH
"El significado de la palabra sevdah en idioma turco denota anhelo amoroso y éxtasis de amor, y tiene su origen en la expresión árabe "säwdâ" que abarca y especifica el término "bilis negra". A saber, los antiguos médicos árabes y griegos, creían que la bilis negra, como una de las cuatro sustancias en el cuerpo humano, afecta a nuestra vida emocional y provoca un estado de ánimo melancólico e irritable. De ahí deriva la expresión en lengua griega "melancolía" con un significado figurativo de la proyección directa de su significado básico: melan hôlos – bilis negra. Dado que se trata del propio amor que causa el mismo estado de ánimo, en el idioma turco estos términos fueron introducidos en un estrecho vínculo con la identidad semántica, logrando un resultado conceptual de la proyección dual del significado básico. La conexión de estos dos significados ha abierto el proceso de una transferencia poética de cualidades simbólicas y emocionales de un término a otro. Ello resultó en el nacimiento de un nuevo término relacionado con características líricas y psicológicas específicas."

Muhsin Rizvić, historiador literario

martes, 27 de enero de 2009

MONTENEGRO: Una larga tradición de Independencia‏

Martes, 23 de mayo de 2006. Año XVIII. Número: 6.003.




UN NUEVO PAÍS EN EUROPA
La opinión

Un enclave estratégico con una larga tradición de independencia
RICARDO ANGOSO







En tiempos de los romanos, Montenegro estaba englobada en la provincia de Iliria. La apetecible costa montenegrina, ventana de la región al Mediterráneo, siempre estuvo ocupada por romanos, venecianos, turcos o austriacos. Más tarde, en el siglo VII, los serbios se establecieron en la península Balcánica, y Montenegro se convirtió en la cuna de la dinastía de los Nemanjić, los cuales reinaron en Serbia desde 1159 A 1367. Zeta fue el nombre del Montenegro reconocido por el Vaticano en el año 1077. Cuando la batalla de Kosovo, en 1389, Montenegro era ya un principado independiente, pese a estar en guerra con la Sublime Puerta. Pero los montenegrinos, según cuentan sus vecinos, llegaron demasiado tarde a la famosa batalla del Campo de los Mirlos: no lograron impedir el triunfo de las fuerzas de la Media Luna y la región balcánica quedaba durante seis siglos bajo la influencia turca.
Las luchas contra los turcos se sucedieron durante los siglos XIV y XV, teniendo que hacer frente sus gobernantes a una feroz resistencia. En 1485, Ivan Beg, uno de los herederos del trono montenegrino, tuvo que huir ante el empuje de las fuerzas turcas, abandonando e incendiando su fortaleza y fundando un convento ortodoxo, Cetinje, donde refugiarse.
En el siglo XIV, además, aparecieron las primeras dinastías locales, que controlaron y condujeron la vida política. Montenegro, a diferencia del resto de los Balcanes, siempre gozó de una cierta autonomía con respecto al Imperio Otomano. Los constantes combates contra los turcos permitieron a los montenegrinos desarrollar su individualidad nacional y la soberanía de su Estado. Montenegro estuvo gobernada durante más de 200 años por príncipes obispos de la familia Petrović Njegoš, que lograron organizar el poder y proteger esa autonomía ya referida. Fue uno de los pocos pueblos de los Balcanes que logró salvaguardar su identidad nacional y religiosa.

La conversión
Sin embargo, no todo son grandes heroísmos en la Historia de Montenegro. En el año 1702, víspera de la Navidad, el joven príncipe Danilo, fundador de la dinastía de los Njegoš, hizo matar a todos los montenegrinos renegados, para librar al país de una vez por todas de la influencia musulmana.
Unos años antes, el bajá de Scutari, que había ocupado un vasto territorio, obligaba a miles de eslavos ortodoxos a convertirse al islam manu militari. La matanza, bien recogida por cantares de gesta serbios y montenegrinos, sería recordada y leída en las escuelas durante siglos, sirviendo como primigenia base para los más tarde doctrinarios de la limpieza étnica.
De toda esta dinastía el príncipe más sobresaliente es Petar II Njegoš, quien criado en Rusia, recibe a los 20 años, en 1833, la consagración episcopal de San Petersburgo. Este poeta y a su vez santo es el último de los príncipes obispos, pues Danilo, su sucesor en el año 1851, renuncia a todos los poderes religiosos al acceder al trono. Durante 20 años (1830-1850) este príncipe obispo, de extremada sensibilidad y al parecer vasta cultura, cumplió su obra de poeta y gobernó sabiamente los destinos de Montenegro. Introdujo los impuestos y la justicia que prefigura el código Bogišić, un documento que el zar de Rusia hizo redactar por un docto profesor de Ragusa para legalizar las costumbres montenegrinas y que fue aplicado en el año 1888.
Sometió también a los jefes de las tribus demasiado turbulentas, para así vertebrar una suerte de Administración y Estado que supliese a la cultura política basada en la tradición, la existencia de poderosos clanes y las creencias ancestrales. Fue uno de los grandes modernizadores de Montenegro, una suerte de Ataturk balcánico capaz de trabajar por el desarrollo social y político de su país. Moriría asesinado, años más tarde, en la bella ciudad de Kotor. Su sobrino, Nicolás I (1841-1921), tiene entonces 19 años. También lucharía contra los turcos y continuaría las labores de su tío. Sin embargo, los turcos ya están en declive y la suerte va a sonreír a esta pequeña nación.
En el año 1878, el Tratado de Berlín devuelve a Montenegro, definitivamente, sus posesiones sobre el Adriático, su natural salida al mar. Reconoce, en cierta medida, a esta nueva entidad nacional como independiente. Habiendo casado a su hija Elena con el heredero de la corona de Italia, Nicolás se ve elevado al rango de rey en el año 1910. Breve reinado: en el mes de noviembre de 1918, una vez concluida la I Guerra Mundial, la Asamblea Nacional de Podgorica votó la anexión de su país a la primera versión de Yugoslavia. Como en el resto de los demás pueblos yugoslavos, esta nueva etapa histórica dejaría más sinsabores que dulzores en la población montenegrina.
Entre 1918 y 1940, Montenegro participó plenamente en vida política, social y económica de la primera versión de Yugoslavia, pero la destrucción de este Estado, debido a la ocupación de los alemanes y los italianos, interrumpió esta relación y hasta 1945, tras la derrota alemana, no se volvió a refundar el Estado yugoslavo. El mariscal Tito, que había liderado un movimiento guerrillero que puso en serios aprietos a los alemanes durante la guerra, se convirtió en el máximo líder de la nueva Yugoslavia comunista y mantuvo unido con puño de acero y sin contemplaciones a este Estado formado por seis repúblicas, entre las que destaca Montenegro. La Constitución de 1974 volvería a consagrar a Montenegro como república.
Las relaciones dentro del país se desarrollaron con normalidad, no exenta a veces de ciertas tensiones por las grandes diferencias entre las repúblicas más ricas (Croacia y Eslovenia) y Belgrado, hasta la muerte de Tito, en 1980. A partir de ese año, en que se exacerban los problemas políticos y económicos en toda Yugoslavia, Montenegro se mantiene dentro del bloque más centralista, que lidera Serbia, y contrario a cualquier cambio constitucional.

Serbia derrotada
Entre 1992 y 1995, en que se desarrollan los respectivos conflictos de Eslovenia, Croacia y Bosnia-Hercegovina, por este orden, Montenegro se mantiene en un discreto segundo plano y sus líderes evitan secundar las polémicas políticas desarrolladas por el máximo caudillo serbio, Slobodan Milošević.
Su líder de entonces, que hoy es una suerte de prócer de la causa independentista, Milo Đukanovic, ya anunciaba su intención de independizarse y abandonar el barco yugoslavo. Con Serbia, argumentaban, no se iba a ninguna parte.
Los aliados de Milošević fueron claramente derrotados por los partidarios de Đukanovic en varias elecciones celebradas en Montenegro. La crisis de Kosovo, que se desarrolla a partir de 1999 con la intervención de la OTAN contra Belgrado, muestra de nuevo la voluntad inequívoca de los diferentes ejecutivos de Podgorica por alejarse de Belgrado y mantener una dirección propia. Consecuencia: Montenegro no fue atacada por la OTAN. Y los más proserbios siguen perdiendo apoyos en una sociedad que ya mira como su tabla salvadora a los Estados Unidos y a la Unión Europea (UE). El gran escollo era, cómo no, Serbia.
Luego llegó hace tres años un acuerdo impulsado por la UE con Belgrado que daba lugar a la Unión de Serbia y Montenegro, primer paso hacia la independencia. La moneda ya era el euro en Montenegro y el dinar en Serbia, el Ejecutivo central tenía escasos poderes, los líderes montenegrinos viajaban al exterior como líderes de un Estado independiente y Podgorica era visitada por numerosos mandatarios como si tuviera soberanía propia.
El referéndum que se ha celebrado el 21 de mayo tan sólo ha legitimado una situación que ya existía de facto. Y la UE, con su decisión de suspender las relaciones con Belgrado en plena campaña electoral, contribuyó decididamente a este controvertido triunfo del sí en la consulta. Serbia, nuevamente, era el problema, que ahora parece definitivamente superado por los líderes independentistas de Montenegro.


Ricardo Angoso es periodista especializado en los Balcanes y politólogo.